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La finca Bonneau du Martray, situada en Pernand-Vergelesses, en la colina de Corton, es una de las joyas vitivinícolas de Borgoña. Fundada en el siglo XIX, ha pasado de generación en generación dentro de la familia Le Bault de la Morinière hasta su adquisición por el empresario estadounidense Stan Kroenke en 2017. Esta finca se distingue por una particularidad única: solo produce vinos procedentes de Grands Crus, una exclusividad poco común en Borgoña.
La finca se extiende sobre 11 hectáreas, de las cuales 9,5 hectáreas están dedicadas al Corton-Charlemagne Grand Cru, plantado exclusivamente con Chardonnay, y 1,5 hectáreas al Corton Grand Cru, dedicado al Pinot Noir. Los viñedos gozan de una exposición excepcional, con un suelo compuesto de margas y calizas que confieren a los vinos una elegancia, una mineralidad y una complejidad notables.
Comprometido con la preservación del terruño, Bonneau du Martray adoptó la biodinámica ya en los años 2000, impulsado por Jean-Charles le Bault de la Morinière. Este enfoque permite expresar plenamente la identidad del viñedo, favoreciendo un equilibrio natural entre la vid y su entorno. Aún hoy, esta filosofía se aplica con rigor para garantizar vinos puros y vivos.
El Corton-Charlemagne de la finca es famoso por su gran complejidad aromática, que combina notas de frutas blancas, cítricos y piedra de fusil, con una textura amplia y un final persistente. En cuanto al Corton tinto, destaca por su profundidad, su estructura tánica sedosa y su excepcional potencial de guarda. Estos vinos figuran entre las referencias imprescindibles de Borgoña y seducen a aficionados y coleccionistas de todo el mundo.
Desde su adquisición por parte de Stan Kroenke, propietario de la finca Screaming Eagle en California, la finca sigue evolucionando con inversiones destinadas a realzar aún más sus vinos. En 2018, parte de los viñedos de Corton-Charlemagne se arrendó al prestigioso Domaine de la Romanée-Conti, lo que demuestra el excepcional reconocimiento de la calidad del terruño de Bonneau du Martray. Esta incesante búsqueda de la perfección garantiza a la finca un futuro prometedor en el universo de los grandes vinos de Borgoña.